sábado, 5 de enero de 2013

Sr. Presidente, ayúdenos a clausurar estas clínicas ilegales


Jueves 21 de Junio, 2012


EXCELENTÍSIMO

SEÑOR

PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

 

Como todos sabemos, una relación heterosexual está conformada por un hombre y una mujer, por los dos sexos que existen en la naturaleza; su objetivo es la reproducción, que en la homosexualidad está ausente. Puede decirse que hoy en día la heterosexualidad es la “cultura” dominante, mientras que la homosexualidad es la más intolerada.    

 

La mayoría de las personas piensa que la homosexualidad es una elección, un estilo de vida que se escoge… ¿Cómo puede un ser humano escoger una vida que no le da opciones para reproducirse? ¿Sin aceptación de los demás? ¿Intolerado y rechazado por todo el mundo? Como dijimos, en la “cultura” dominante actual, ¿sería esa la opción que usted o que cualquier persona escogería?

 

Conociendo de antemano su respuesta, ahora preguntémonos, ¿por qué hay homosexuales? Sencillo. Por la atracción y el amor que un ser humano siente por otra persona de su mismo sexo… ¿Por qué se da esto? ¿Acaso realmente importa? Es como preguntarnos por qué nos gusta el helado de chocolate y no el de vainilla. ¿Por qué? Porque el helado de chocolate tiene un sabor más rico y más denso. ¿Quién sabe? Puede haber miles de razones. Lo más importante, creemos, es preguntarnos, ¿es relevante? ¿En qué sentido? ¿Afectará o perjudicará la vida personal? Y hay que recalcar que las relaciones homosexuales no son nuevas, que desde el inicio de la humanidad han existido y que seguirán existiendo hasta el final de los tiempos; incluso en ciertos animales también se han manifestado.

 

Podemos ver que la heterosexualidad tiene un gran y valioso propósito, la procreación, que asegura la continuidad de nuestra especie. Eso nos lleva a preguntarnos, ¿qué propósito entonces tiene la homosexualidad? ¿La extinción de los seres humanos? Pues no es el caso, ya que de casi siete billones de personas que existen no todas son homosexuales; es un absurdo pensar eso.

 

¿Qué sucede entonces con una pareja heterosexual que no puede tener hijos, por esterilidad o impotencia? ¿Los matamos? ¿Los rechazamos socialmente porque no cumplen “el propósito”, como acostumbramos a hacer con los homosexuales? Pues no, porque, de hecho, sí cumplen un propósito… amarse el uno al otro. Entonces, volviendo a la pregunta del millón, vemos que es muy fácil darnos cuenta del propósito de la homosexualidad, aunque es preferible expandirnos un poco en este punto.

 

El amor es la esencia que todo ser humano busca y espera poder experimentar en su vida. Es lo más codiciado y deseado. Nos aleja de la soledad, de la tristeza, de la oscuridad y el odio. La identidad es eso que somos, que descubrimos con el tiempo, es lo que uno es individualmente, con las características específicas de su personalidad, sus sueños, metas y gustos. ¡Qué mejor que ser uno mismo, único!

 

El amor y la identidad son dos aspectos que podríamos llamar causas y a la vez efectos de la homosexualidad. Cuando un ser humano como usted siente algo diferente, algo que es contrario a lo dominante en la sociedad que nos rodea, ese detalle es algo que lo hace único, en este caso su orientación sexual. Esa atracción por alguien de nuestro mismo sexo desarrolla parte de nuestra identidad, pero sólo una parte, ya que ser homosexual no define un todo, sino sólo un aspecto de entre otros miles que hay. El amor, que también es químico y físico, es alcanzable, pero a veces el camino para llegar ahí es largo y difícil de recorrer; mientras más largo y difícil sea ese camino, la meta se hace más valiosa y muchas veces más admirable.

 

Aquí viene el propósito de la homosexualidad: la aceptación de uno mismo, sin influencias externas; saber que uno se conoce y vivir como uno realmente es; no ocultar el amor que uno siente por otro ser humano; poder atestiguar y ser ejemplo de lo que el amor significa; saber que no hay que influenciar u obligar a otros a ser como uno es o a tener los mismos gustos que uno tiene. El amor lo puede todo, el amor lo cura todo, da la felicidad sin importar con qué persona uno esté, ni qué edad, color, raza, religión, condición económica, o sexualidad tenga. Lo importante es que se da el propósito de amar al prójimo como a uno mismo. A pesar que no se da la reproducción, el sólo hecho de estar juntos ya es suficiente para una pareja homosexual. ¿No es esto algo admirable?

 

El propósito de la homosexualidad es revelar y mostrarnos nuestra identidad, desatar la personalidad de las trabas psíquicas y de los miedos que nos han metido en el corazón desde que somos niños, desatar los nudos de nuestra identidad, por así decirlo. Lleva a reconocer a la persona que uno ama, sin prejuicios y sanamente, pero, quizás lo más importante, lleva a que el individuo sea feliz. El homosexual está, sin quererlo, dándole un ejemplo al mundo.

 

Todos los seres humanos merecemos un lugar seguro en el que podamos ser felices con la persona amada, a quien adoramos y con quien queremos vivir por el resto de nuestras vidas… es un derecho de la humanidad.

 

Los homosexuales no luchamos por el derecho a hacer miserable la vida de los demás… no, para nada…, estamos haciendo esto para desarrollarnos como seres humanos, para manifestarle nuestro amor a la persona que nos corresponde. El amor es para todos y todas. Es algo que necesitamos. Merecemos un trato igual y un lugar seguro. Ambas inclinaciones, la heterosexualidad y la homosexualidad, comparten este mundo, nos guste o no, por eso debemos apoyarnos mutuamente, para vivir todos en armonía, sin discriminaciones ni rechazos por las particularidades de una personalidad u otra.

 

Ya es hora de desatar el nudo en nuestro interior, no sólo por nosotros mismos, sino también por todo aquel que nos necesite.

 


 

César Luis Baquerizo Baquerizo

1 comentario:

Francisco Guayasamin dijo...

César Luis Baquerizo Baquerizo nació en la ciudad de Guayaquil, el 6 de abril de 1986. Tataranieto del Presidente de la República del Ecuador, Alfredo Baquerizo Moreno.

Desde su primer segundo de vida estuvo en riesgo de morir por una obstrucción nasal. Sus abuelos pagaron la operación realizada por el cirujano Eric M. Kraus en Estados Unidos a los pocos días de su nacimiento, en The Ear Center of Greensboro, P.A. Consecuencia de esto es su sordera de un 80% en ambos oídos. En su niñez empezó a usar audífonos y vivió 2 años en Buenos Aires, en donde recibió clases especiales de lenguaje y desarrolló correctamente su habla y entendimiento. En lo académico, se graduó de la escuela Liceo Los Andes y del colegio católico San Francisco Javier en Bachiller Sociales. Estudió en la Universidad Espíritu Santo la carrera de Psicología Organizacional, pero no concluyó sus estudios por tomar la decisión de independizarse y emprender su vida solo en la capital, Quito.

Hoy en día trabaja en una prestigiosa y respetada empresa de seguros en el departamento de Recursos Humanos. Su interés en escribir una novela empezó desde sus 14 años, escribía historias, pero nunca pudo concluir una hasta ahora, como la presente novela, basada en hechos reales e inspirada en parte por sus propias experiencias y vivencias al encontrarse, descubrirse y conocerse por lo que es: un ser humano. Con esta novela el autor pretende dar aportes, ejemplos e inspiración para hacer una diferencia grande en este mundo, en especial en el país Ecuador.